¡Horror!: El arte y la identidad contraatacan
Posted on 07. Sep, 2010 by Karla Marie Ostolaza in Arte, Comentario

La Mala Fe y la Memoria. Óleo sobre lienzo. 1985. Imagen tomada de artnet.
Mientras leía la reseña sobre la exhibición de Rafael Ferrer en el Museo del Barrio escrita por Robert Pincus-Witten para la edición de septiembre de Artforum, sentí una incomodidad viceral cuando el crítico termina dando una lectura a la obra de Ferrer atada a la situación colonial del país.
“And, given later developments, one may even wonder wheter the fugitive nature of leaves and ice itself embodied a cryptic political message about the still unresolved issue of Puerto Rican autonomy.”
Esta misma punzada la sentí al leer la última parte del ensayo “La abstracción y las estéticas nacionales: El conflicto entre el arte puertorriqueño y el arte estadounidense” de Nelson Rivera publicado en su libro Con Urgencia.
“Las experiencias de Ferrer y Navia están, desafortunadamente, lejos de ser únicas entre los artistas puertorriqueños que han experimentado la marginalización y la censura de su trabajo por su ausencia en exhibiciones colectivas, en debates críticos, y la consecuente falta de un mercado. La censura, si bien restringe seriamente nuestra vida cultural, no puede, ni jamás logrará reprimir el trabajo experimental que afirma la identidad puertorriqueña. Un ejemplo: el reciclaje de materiales artísticos habla por sí solo de una economía de la pobreza que puede ser tan elocuente como la representación pictórica de un arrabal, ese omnipresente motivo en el arte puertorriqueño. […] Desatender estos trabajos por causa de los materiales no convencionales que utilizan es ignorar su esencial puertorriqueñidad, y su postulado del arte como una necesidad social no privilegiada.”
Y es que para muchos artistas y escritores jóvenes Rafael Ferrer es idolatrado precisamente por lo contrario. Porque comenzó en sus años universitarios como integrante del grupo surrealista tardío El Mirador Azul y terminó siendo una figura importante para el arte post-minimalista, logrando tener importantes exhibiciones en el MoMA, el Whitney y la galería de Leo Castelli, mientras al Museo de Historia Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico le hicieron una protesta por adquirir una escultura de él. Ferrer es una figura que en nuestro imaginario representa la ruptura con el trillado tema de la identidad y es casi una iconoclasia el que después de tantas vueltas terminen encasillándolo y simplificándolo en el mismo canon.
Si bien es cierto que la forma en que se ha desarrollado su carrera es un enigma para muchos, de hacer arte procesal a pintar imágenes caribeñas folklóricas, podemos verle varias explicaciones más interesantes que el haber sentido nostalgia por la identidad puertorriqueña. Desde que estas pinturas sean una continuación lógica de su interés por el surrealismo, hasta que sean una movida sínica en la que alimenta con un cliché al mercado del arte que antes le había rechazado. De lo que sí tenemos certeza es que la primera retrospectiva realizada a Rafael Ferrer se realizó en el Museo del Barrio en New York, no en Puerto Rico; así que el pintar con “los colores del caribe” no ha cambiado mucho la apreciación sobre este artista de parte de la elite puertorriqueña.

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