¿Arte sonoro en Puerto Rico? ¡Fantástico!

Posted on 23. Feb, 2011 by in Arte, Comentario, Instituciones, Política Pública

El arte sonoro ha tenido un repentino aparecer en la escena del arte en Puerto Rico en la última década. Algunos argumentarían que ciertos artistas/músicos llevan varios años en la isla, explorando y manipulando sonido revelando características que apuntan al arte sonoro. Es cierto, pero al parecer no es hasta ahora que se está documentando – utilizado el término de un modo deliberado entre artistas, curadores y críticos para categorizar aquellas expresiones sonoras que si bien no encajan en las artes visuales tradicionales tampoco en la música. En efecto, cuando hablamos del arte sonoro no podemos ignorar la paradoja entre ambos campos – muchas veces simplemente se emplea el término por autoridades culturales para validar ciertos artistas dentro del mundo del arte aun cuando sus obras tengan poco o nada que ver con arte o sonido. Aunque la idiosincrasia del arte sonoro sigue siendo (re)definida sí podemos convenir que a diferencia de la música, su atributo más significativo es la atemporalidad de la experiencia. La creación de un marco teórico para el arte sonoro lleva décadas dentro de los debates del arte contemporáneo en los Estados Unidos, Europa, Asia, y a partir de los años noventa se ha utilizado el término con frecuencia – ¿Pero cuánto lleva en el puertorriqueño? ¿Por qué nos apresuramos a categorizarlo como arte sonoro?
La mayoría de esta generación de artistas no poseen una educación musical académica sino que su desarrollo creativo y su conocimiento proceden de una cultura subterránea urbana ya sea del punk, noise, trip hop etc. – al mismo tiempo están aquellos artistas visuales que han constatado su interés en el uso del sonido sin tener un trasfondo musical académico. Por lo tanto, cuando hablamos de arte sonoro en Puerto Rico reunimos a diversas personas de diferentes influencias e intereses, de orígenes múltiples, sin referencia o herencia. Nos referimos a un grupo polifilético, el comienzo de un nuevo cuerpo de individuos que no actúan como consecuencia y que parten de una motivación personal e independiente, carente de bagaje preliminar; sin dejar de formar parte de la historia occidental y con influencias que en muchos casos emergen a posteriori.

Al no existir una conexión en el contexto de las artes visuales en Puerto Rico, significa el nacimiento de una corriente. De esto lo que más debe llamarnos la atención es la posibilidad: el comienzo de un interés estético que desencaja en un país en el cual la producción artística – con la excepción de un puñado de artistas – hasta el siglo 21, ha conservado un espíritu tradicional y conservador. Nos lleva a dar un vistazo al presente panorama puertorriqueño de las artes visuales, pues llega junto a una nueva generación de artistas plásticos que se han propuesto nuevos caminos de conceptualización y expresión. Este aliento parece también acarrear el interés de algunos por la utilización del sonido. Sin embargo, hemos comenzado a observar como en la gestión recopiladora del trabajo de algunos – se ha convertido costumbre clasificar vehementemente su obra como arte sonoro. Parece indicado tomar un paso atrás.

Hay varios peligros cuando se trata clasificar algo tan reciente bajo arte sonoro – término que contiene cargas históricas y teóricas que por razones obvias no toma en consideración el presente entusiasmo por el uso del sonido en la escena artística puertorriqueña. El encontrado interés por la manipulación del sonido merece ser recogido por museos y demás pero consecuentemente también merece ser incluido en las agendas de instituciones para ser estudiado como un fenómeno independiente, claro con sus influencias pero también identificando sus ramificaciones; subrayando sus diferencias y similitudes con lo que se conoce internacionalmente como arte sonoro. Resulta obvio que la situación actual no es cronológica ni es consecuente de por ejemplo la Segunda Escuela Vienesa, ni del futurismo, ni de precursores como Harry Parch o Max Neuhaus y Annea Lockwood sino que hay una construcción independiente de criterios, parámetros que concluyen en una estética propia y desencadenada. Podemos llamarle como queramos – arte sonoro puertorriqueño – Movida puertorriqueña – música experimental – al final un nombre es solo eso. Pero la responsabilidad descansa en el pensamiento detrás, sin duda merece el tiempo y el espacio para ser discutido y exhibido solo así construiremos una historia coherente sobre el presente. Teniendo como finalidad fomentar en conciencia lo que podría ser el comienzo de un nuevo campo en las Artes puertorriqueñas.

Este escrito forma parte del proyecto SEES a cargo de Andrés Lugo para la Serie Regional de Jugadores Pampers – Proyecto #3. Aquí puedes encontrar el resto de los escritos por parte de Lilliam Nieves, Lisa Ladner y Liliana Ramos Collado.

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