Desarticulados
Posted on 31. Jul, 2011 by Angeli Velez in Arte, Comentario
“Creo que una confrontación con los dispositivos metropolitanos solo será posible cuando penetremos de un modo más articulado, más profundo en los procesos de subjetivación que la metrópolis implica. Porque creo que el resultado de los conflictos dependerá de la capacidad para actuar e intervenir en los procesos de subjetivación, con el fin de alcanzar ese momento que yo llamaría el punto de ingobernabilidad, de lo ingobernable que puede hacer naufragar al poder en su figura de gobierno, lo ingobernable que, yo creo, es siempre el comienzo y la línea de fuga de toda política.” Giorgio Agamben
Hace unos años tuve cierta intuición ante el pueblo de Ponce, espacio donde formé mi propio proceso creativo. En él observé signos que proponían que algo distinto ocurriría, que podría haber algún cambio. Estos signos se ubicaron en los pliegues de las actividades culturales y en las agrupaciones de gestores y artistas, que se formaron a partir de la necesidad de presentar su producción artística y de también ocupar espacios no acostumbrados para el arte. En ese momento ví a Ponce como un núcleo cultural que podía resurgir y trasplantar el grueso del movimiento artístico del área metropolitana. Más tarde, me percaté que no era tan solo en Ponce donde estas posibilidades ocurrían, sino que también Isabela, Arecibo, Guayama, Peñuelas, Caguas, San Germán, entre otros, forman parte de una interesante diseminación cultural y artística. En este caso, mayormente enfocaré este escrito a mis inquietudes sobre lo que ocurre en Ponce.
Para mí es bien importante la desarticulación del imaginario metropolitano, eso de que, “si las cosas no suceden en San Juan, no valen la pena o nunca pasaron”, sabemos que no es así y creo que muy pocos lo admitirían con carácter sentencioso. Pero, esta desarticulación es una espada de doble filo, ya que es una ruptura que desvincula a los espacios pre-concebidos alienándolos de la relación que soporta los valores de cada cual, tanto al espacio metropolitano como el que no lo es. Debido a esto, entiendo que es necesario repensar el contexto estratégico que se ubica en el proceso de otorgar valores a lo que ocurre en dichos espacios, y a modo de ejemplo, voy ligeramente a asociar al espacio metropolitano con el urbano y al que no se concibe como metropolitano, como espacio rural.
La construcción y división del espacio rural y urbano, surgió de las necesidades prácticas de economía y más tarde con el capitalismo, de las de producción. En el contexto de Puerto Rico, estas necesidades no han sido consecuentes desde los años de la caña, el café y el tabaco, hasta hoy que podemos ver por ejemplo los espacios comerciales vacíos en el Viejo San Juan y la Avenida Ponce de León; las farmaceúticas que operan en Barceloneta, las fábricas en Toa Baja, Mayaguez y Aguadilla, y también en la multiplicación de los centros comerciales en casi todos los pueblos de la isla. Esta inconsecuencia muestra que hubo la necesidad de buscar mejores y útiles localidades geográficas para operar alrededor de la isla. Las posibilidades económicas salieron de sus lugares de inicio para operar productivamente en espacios que no fueron pensados en su comienzo. Podemos trasladar este ejemplo de la producción económica al plano cultural y artístico, de manera que ostentemos producciones sólidas de gran valor y significado en cualquier punto de la Isla. Entiendo en parte, que algo de este aspecto ha sido tomado en consideración para proyectos como el de Arte Público, donde a diferentes espacios en la Isla se les transfirió posibilidades fantásticas.
A partir de esto, quiero retornar a la cita del inicio precisada por Giorgio Agamben en Metrópolis, para explicar la inquietud que me provoca lo que ocurre en Ponce. Me produce una grata sensación cuando menciona que “lo ingobernable es siempre el comienzo y la línea de fuga de toda política”. Aunque él más bien podría referirse al naufragio de un gobierno Estatal ante la concepción de una metrópolis, en este caso deseo compararlo con el cierto reposicionamiento metropolitano y cultural que emerge en el pueblo, donde hasta sujetos que operaron en el área metropolitana dentro de la escena del arte se han trasladado a Ponce para ejercer sus respectivas carreras.
Ante un panorama decaído donde la actividad artística solo se limitaba a la exposición de la Bienal de Arte de Ponce y a algunas galerías que operaban en el pueblo, surgieron varios proyectos, que entre ellos se encuentran: Arte en el Meollo, actividad mensual que se realiza en la Guancha, Mesoneros del Arte, grupo de artistas asociados por la localización de sus reuniones, El Nido, programa radial dirigido por un grupo de artistas y estudiantes, y Plataforma 121, residencia internacional que pretende dirigir propuestas de artistas y servir como interfaz entre espacios culturales. Mientras tanto, se sumaron las ansias para que el Museo de Arte de Ponce reabriera sus puertas a finales de año. Antes de su re-apertura, se realizaron conferencias por parte del Museo en la Pontificia Universidad Católica y al parecer los estudiantes y artistas que se dieron cita a una de las conferencias, no quedaron muy satisfechos ante sus interrogantes de cuáles serían las posibilidades de poder ocupar algún espacio dentro del mismo. La respuesta del director del Museo ante tales cuestionamientos fue sugerirles que como modo de exposición se enfocaran en la autogestión.
Digamos que no hubo ninguna institución o espacio cultural que comandara direcciones para propiciar alguna producción artística en particular. Esto recayó en un momento de ingobernabilidad que provocó la creación de múltiples subjetivaciones dentro de los artistas que transitaban en Ponce, por ende, se adhirieron a los espacios y pares que consideraron más afines . Estos grupos se fugaron lejos de la clásica Bienal de Arte de Ponce y de las galerías del área para enfocar y crear sus propuestas de modo independiente, sin adherirse a ninguna institución cultural.
Sin embargo, luego de un año, nos encontramos con todo un panorama entrelazado por diversas fuerzas artísticas. Plataforma 121, además de funcionar como residencia artística, se unió en colaboración con la novel Escuela de Arquitectura de Ponce a través de la ex-curadora de la feria de arte, Circa, Celina Nogueras, para ofrecer talleres no gratuitos. Estos también ofrecieron cierto número de becas para incentivar la participación a dichos talleres. Por otro lado también la plataforma ha participado con el Museo de Arte de Ponce y en el espacio de Empresas Fonalledas, Plaza del Caribe, con exposiciones temáticas posicionándose por encima de las usuales ventas de pinturas de los pasillos. Cabe destacar que el artista Diógenes Ballester colaboró en la estructuración de diversos talleres. Por último, dentro de esta plataforma, también han participado integrantes de Arte en el Meollo y El Nido.
Entiendo que la subjetivación de colectivos es delicada y explicarla mucho más, por eso quiero puntualizar que mi lectura es sólo una mirada rápida que no intenta determinar qué propone verdaderamente cada grupo ó los gestores que determinan los participantes de cada grupo. Más aún cuando son propuestas tan recientes que poseen múltiples posibilidades para su transformación y desarrollo.
Más tarde, desde estas articulaciones, me entero que existe otra plataforma que está localizada en Hato Rey. Su título sostiene un carácter muy particular, METRO: plataformaorganizada. Dentro de la información que apareció en el evento de su apertura en Facebook, mencionaron: Llega la plataforma organizada al área metropolitana. A raíz de haber conocido con aterioridad a Plataforma 121, me pareció interesante que lo que antes asociaba como mera ocurrencia dentro del área sur, pudiera establecerse de manera tan específica en el área metropolitana reiterando su localización respecto al entorno.
Por otro lado, me sorprendió que quien crea este nuevo espacio lo es José Hernández Castrodad, quien fungió como mecenas del existoso proyecto Área en Caguas, espacio que no necesitó pretender de su localización para presentar sus proyectos. Entiendo que esta forma de autodenominación puede traspapelar y demostrar que verdaderamente ocurren otras articulaciones fuera de ese entorno metropolitano al tener que precisar de manera tan reiterativa la pertenencia a este espacio que ha proveido poder y dirección a lo que se concibe como arte en Puerto Rico. Creo que este aspecto forma parte de otra desarticulación que podrá vislumbrar un nuevo punto para la ingobernabilidad, una nueva línea de fuga que transgreda ante la mera localización, pero sobre todo, que demuestre que no es un punto de partida para posicionarse ante otras prácticas.
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Viranzopr
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Jorge Felix


