1. Demuéstrele que usted es la autoridad:
Tan pronto identifique al elemento peligroso hágale saber que usted es la autoridad y el guardián intelectual e histórico. Usted es EL PROFESIONAL, sin importar los méritos intelectuales o académicos del elemento. Déjele en claro que usted sabe más y que sus posturas nacen del desconocimiento y la inexperiencia. Hágale una invitación amistosa a investigar mejor, a leer más, a conocer más a fondo los pormenores de la historia, recuerde que usted ha vivido más y eso le otorga una posición privilegiada, ¡usted conoce más anécdotas! Chiquitéele, hágale pensar que se puede convertir en su guía. O de plano acúsele de padecer de “una falta superlativa de investigación y de integridad profesional” de esta forma le hará sentir inseguro sobre lo que argumenta, tomando el primer paso asertivo para neutralizar su crítica.
2. Disemine el miedo:
Si la estrategia anterior no fue suficiente para neutralizar al elemento desestabilizador, radicalice su estrategia. Pase de ser una autoridad mentora a una autoridad castigadora. Póngale en claro que el circuito profesional es muy pequeño y usted tiene la capacidad de determinar quien participa en él y quien queda fuera. Hágale sentir que usted es parte de un pequeño y poderoso grupo de personas que tienen el poder y que podría destruir su carrera, que debe cambiar su estilo “si es que quiere seguir trabajando en este campo”. Sugiéraselo en público, pero dígaselo abiertamente en privado. De plano, amenácele. Además, extienda este terror a todos los que osen solidarizarse con los comentarios del elemento. El objetivo es dejarle solo, sin nadie que se atreva a simpatizar públicamente con él, y temeroso por su futuro profesional. Esta combinación de estrategias debe ser suficiente para persuadirlo completamente de que se siga manifestando.
3. Banalice su contenido:
Si el despliegue de fuerza autoritaria resulta insuficiente para silenciar a este elemento, tendrá que poner en marcha la tercera estrategia. Independientemente del contenido de sus comentarios o de la solidez de sus argumentos; banalícelos. No responda a los argumentos, sino que redirija la conversación de forma tal que cree suspicacia sobre las intenciones de quien se atreve a cuestionar el Status Quo. Sugiera vendettas personales, búsqueda de protagonismo, rebeldía, locura, manipulación por parte de otros elementos; como algunas de las motivaciones que tiene la persona para articular sus críticas. De esta forma ya nadie se recordará de qué era lo que se criticaba y bajo cuáles argumentos, pues les distraerá tratando de que descubran una motivación ulterior. Además, y este es uno de los pasos más importantes, agrupe a todos estos elementos peligrosos en un mismo bando, cree un sentimiento generalizado de que “esta gente” es mini colectivo con una motivación común. De esta forma dará el paso final para vaciar el contenido de sus argumentos, banalizando sus críticas, y matará varios pájaros de un tiro neutralizante. De esta forma será irrelevante si la persona continúa haciendo críticas y mucho más irrelevante será la calidad de sus argumentos, pues ya se le habrá desprestigiado lo suficiente como para que estos puedan alterar su cotidianidad. Usted seguirá teniendo el poder.
Advertencia: Este procedimiento pierde efectividad si el elemento al que se le quiere aplicar conoce la estrategia y podría resultar contraproducente. Se le recomienda que mantenga este método de comprobada eficiencia bajo estricta secretividad.
Karla Marie Ostolaza




























